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Salarios y consumo: qué hay detrás del 1,7% de inflación

La inflación puede mostrar una desaceleración, pero eso no significa necesariamente que la mejora llegue de inmediato al bolsillo de los argentinos.

Así lo analizó el contador Luis Herrera, quien explicó que detrás del 1,7% registrado en agosto existe una realidad mucho más compleja y desigual según el tipo de gasto y la evolución de los ingresos.

En diálogo con Radio La Torre, Herrera consideró que el dato de inflación es positivo, especialmente si se lo compara con los niveles registrados años atrás. Sin embargo, remarcó que para evaluar realmente el impacto de una desaceleración de precios también hay que observar la evolución del poder adquisitivo.

“En esta carrera hay como mínimo dos competidores: por un lado, son los precios y por otro lado son los salarios”, explicó. En ese sentido, señaló que una persona puede encontrarse con determinados productos más baratos, pero si no tiene trabajo o su salario no aumenta en la misma proporción, esa baja no necesariamente se traduce en una mejora concreta de su situación económica.

Para Herrera, esta diferencia resulta particularmente importante en La Rioja, donde identificó entre los sectores más golpeados al empleo público, la construcción y la actividad textil.

Alimentos: el rubro que todavía preocupa
Otro de los puntos centrales de su análisis fue la composición de la canasta utilizada para medir la inflación. Según explicó, el índice reúne distintos componentes, cada uno con un peso específico, por lo que el resultado final representa una tendencia general y no necesariamente refleja exactamente lo que cada persona observa en sus gastos cotidianos.

En ese marco, sostuvo que mientras algunos rubros registraron bajas o se mantuvieron estables, alimentos, bebidas y mantenimiento del hogar continúan por encima del 2%.

Por eso, consideró lógico que una parte importante de la población todavía no perciba la desaceleración inflacionaria.

“Un índice refleja una tendencia, refleja un movimiento, y muchas veces no es exactamente lo que veo en mi bolsillo”, explicó Herrera.

El contador planteó como ejemplo las diferencias entre quienes compran determinados bienes. Una persona que adquiere ropa puede encontrar precios más bajos, mientras otra que concentra sus gastos en alimentos puede seguir enfrentando aumentos. Para ambas, sostuvo, su percepción es válida porque la estructura de consumo es diferente.

Y allí ubicó uno de los principales problemas del actual escenario: los alimentos siguen caros. A su entender, una reducción de los precios de los productos básicos permitiría que la mejora sea percibida por un grupo mucho más amplio de la población.

Salarios y empleo, la otra cara de la inflación
Herrera también hizo hincapié en el comportamiento de los ingresos. Señaló que existen sectores cuyos salarios han tenido distintas evoluciones, mientras que otros enfrentan fuertes dificultades vinculadas directamente con el empleo.

Mencionó entre los más afectados al empleo público y a los docentes universitarios, además de trabajadores de actividades como la construcción y la industria textil.

En el caso de la construcción y la industria, indicó que recientemente se conocieron cifras con caídas del 4%, situación que impacta directamente sobre quienes trabajan en esos sectores y dificulta que puedan percibir una mejora aun cuando la inflación general sea menor.

En contraste, señaló que existen actividades, como la bancaria o determinados empleos vinculados a la seguridad, que han tenido otros movimientos salariales.

El presupuesto y el rumbo fiscal
Consultado sobre las perspectivas económicas y el próximo presupuesto nacional, Herrera relativizó las previsiones de inflación que suelen incluirse en estos proyectos.

Según explicó, históricamente los presupuestos de distintos gobiernos han proyectado determinados niveles de inflación que luego terminaron sin cumplirse.

Sí consideró relevante observar qué medidas plantea el Gobierno nacional en materia fiscal y, particularmente, qué impuestos y gastos pretende modificar para sostener el equilibrio o el superávit fiscal.

Los Chachos como alivio para algunos gastos
En relación con la circulación de los Chachos en La Rioja, Herrera sostuvo que, de acuerdo con los contactos que mantiene con comerciantes y personas de su entorno, la aceptación es amplia y no observa problemas significativos en su utilización.

Destacó además que pueden emplearse para el pago de impuestos y determinados servicios públicos.

Sobre los $50.000 recibidos por cada persona alcanzada por la medida, consideró que en muchos casos funcionaron como un alivio para afrontar gastos que se incrementaron, particularmente la energía eléctrica.

Según su análisis, parte de los consumidores utilizó ese dinero para afrontar facturas de luz que habían registrado aumentos importantes. En esos casos, explicó, el beneficio terminó funcionando en la práctica como una suerte de ayuda de $50.000 para afrontar ese gasto.

Para Herrera, el desafío de fondo continúa siendo que la desaceleración de la inflación finalmente pueda traducirse en una recuperación del poder adquisitivo, más y mejor trabajo y una mejora concreta de la economía cotidiana.

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