
Milei destruyó la industria textil: 22.156 empleos menos y 7 de cada 10 máquinas paradas
La industria textil argentina enfrenta un «escenario crítico» sin precedentes en su historia reciente, según el Boletín Económico Sectorial de la Fundación Pro Tejer.
La cadena de valor textil e indumentaria atraviesa el peor momento de su historia reciente: perdió 22.156 puestos de trabajo en poco más de dos años, cerró 803 establecimientos productivos y opera al 40% de su capacidad instalada. El modelo económico del gobierno de Javier Milei, basado en la apertura importadora y la apreciación cambiaria, convirtió a la Argentina en un mercado de destino para excedentes externos, desplazando la producción nacional.
La industria textil argentina enfrenta un «escenario crítico» sin precedentes en su historia reciente, según el Boletín Económico Sectorial de la Fundación Pro Tejer. Los datos confirman lo que los trabajadores del sector vienen denunciando en marchas y movilizaciones: el ajuste salvaje del gobierno de Javier Milei, combinado con una apertura importadora acelerada, avanza sobre uno de los pilares históricos de la industria nacional argentina.
El sector textil registró una caída del 23,3% interanual en marzo de 2026, que se profundiza al 31,3% si la comparación se realiza contra los niveles de 2023, cuando comenzó la gestión libertaria. La fabricación de prendas de vestir, cuero y calzado retrocedió un 8,9% interanual y un 22% respecto a marzo de 2023. En ese contexto, las fábricas operaron apenas al 40,2% de su capacidad instalada, lo que equivale a decir que 7 de cada 10 máquinas permanecieron apagadas durante el primer trimestre del año.
El empleo que se destruye sin que nadie lo reponga
El indicador más alarmante del informe de Pro Tejer es la pérdida de empleo. El sector textil, confecciones, cuero y calzado lidera la caída del empleo asalariado registrado privado en todo el país, con una baja del 18% respecto a diciembre de 2023, la más alta de todos los sectores de la economía argentina, superior incluso al retroceso registrado en la construcción.
En términos concretos, eso implica la destrucción de 22.156 puestos de trabajo en poco más de dos años. Se trata de empleos formales, con derechos, que en su enorme mayoría no volverán cuando las máquinas se apaguen demasiado tiempo: como advierte el propio informe, «cuando las máquinas permanecen apagadas durante demasiado tiempo, se destruyen capacidades productivas, empleo calificado, inversión acumulada y entramados empresariales que luego demandan años para reconstruirse».
Junto con la pérdida de empleos, desaparecieron 803 establecimientos productivos registrados desde diciembre de 2023, lo que equivale al cierre del 13% de las empresas del sector. Los segmentos más golpeados son la indumentaria, con 385 establecimientos cerrados, y el cuero y calzado.
La paradoja de la apertura: menos producción, más ropa importada
La apertura importadora que el gobierno de Milei presentó como una herramienta de modernización generó una paradoja que los propios datos del informe exponen sin ambigüedad: mientras caen las importaciones de insumos como hilados y tejidos, por la baja producción local, el ingreso de prendas de vestir terminadas alcanzó niveles récord.
En el primer cuatrimestre de 2026, las importaciones de indumentaria crecieron un 79% en cantidades, con 23.482 toneladas ingresadas al mercado local, y las de confecciones avanzaron un 55%. Según el análisis de Pro Tejer, «Argentina se transformó en un mercado de destino para excedentes externos, desplazando producción local y profundizando la crisis sectorial». La apreciación cambiaria y la desregulación comercial que impulsó el gobierno libertario funcionaron, en los hechos, como un subsidio encubierto a la producción extranjera en detrimento de la industria nacional.
Esta dinámica no es nueva en la historia argentina: el modelo de apertura indiscriminada ya produjo daños similares durante la convertibilidad de los noventa y el macrismo. La diferencia es que ahora se ejecuta con una velocidad e intensidad que no da margen para la reconversión.
Inversión en mínimos y precios que no cubren costos
La destrucción del tejido productivo textil no se limita al presente inmediato. La importación de bienes de capital para el sector, es decir, las máquinas que renuevan y modernizan la capacidad productiva, cayó un 43% interanual en el primer cuatrimestre y un 65% respecto a 2023. De sostenerse esta tendencia, 2026 podría ser uno de los peores años registrados en materia de modernización tecnológica en el sector.
En cuanto a precios, el rubro de prendas de vestir y calzado registró en abril de 2026 el menor aumento anual de toda la economía: apenas 12,7% interanual, frente a una inflación general del 32,4%. Lejos de ser una buena noticia para los consumidores, este dato refleja que las empresas no pueden trasladar sus costos crecientes a un mercado con consumo deprimido. La última encuesta de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) reveló que 9 de cada 10 empresas no logra trasladar ni la mitad del aumento de los costos salariales a los precios; la mitad de las encuestadas admitió no haber podido trasladar absolutamente nada de ese incremento.
El resultado es que, en numerosos casos, las empresas venden por debajo de sus costos para sostener liquidez y liberar mercadería acumulada, una situación que anticipa nuevas oleadas de cierres si la política económica no cambia de rumbo.
Las ventas de indumentaria cayeron 7% interanual durante el bimestre marzo-abril, con 13 de los últimos 14 bimestres relevados con resultados negativos. El consumo no repunta porque el poder adquisitivo de los trabajadores fue destruido por el tarifazo y el ajuste, como documentó el IIEP (UBA-CONICET): desde el inicio de la gestión libertaria, el presupuesto familiar destinado a servicios aumentó un 525%, con el transporte liderando con subas acumuladas del 912%.
El pedido urgente del sector: medidas o colapso irreversible
Frente a este cuadro, desde Pro Tejer solicitaron de manera urgente medidas de competitividad, alivio fiscal y financiamiento para evitar que la destrucción de capacidades productivas y empleo calificado se vuelva irreversible. La advertencia del sector coincide con lo que organizaciones de trabajadores y empresarios pyme ya expresaron en la marcha industrial del 20 de mayo pasado: cuando la industria cierra, no hay política de apertura de importaciones que la haga renacer.
El escenario que describe el informe de Pro Tejer no es una crisis sectorial circunscrita a la industria de la ropa. Es la imagen ampliada de un modelo económico que, bajo el nombre de «libertad», ejecuta un desguace deliberado del aparato productivo nacional para convertir a la Argentina en un mercado de consumo de excedentes industriales externos. Esa no es modernización; es desindustrialización.
Puntos clave:
El sector textil, confecciones, cuero y calzado perdió 22.156 puestos de trabajo desde diciembre de 2023, la mayor caída sectorial del empleo privado registrado en la Argentina.
803 establecimientos cerraron en poco más de dos años, un 13% del total de empresas del sector.
En el primer trimestre de 2026, 7 de cada 10 máquinas permanecieron apagadas en las fábricas textiles.
Las importaciones de indumentaria crecieron un 79% en cantidades en el primer cuatrimestre del año, en paralelo al colapso de la producción local.
La inversión en maquinaria para el sector cayó un 65% respecto a 2023, comprometiendo la recuperación futura.

