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Alarma en las aulas por la viralización de contenidos violentos

Equipos educativos y especialistas advierten sobre un fenómeno que encuentra en las redes, un canal de propagación, especialmente a través de desafíos y comunidades que glorifican episodios extremos.

Las alertas se multiplican en escuelas de Argentina ante la creciente circulación de contenidos que promueven o banalizan la violencia entre adolescentes.

“Lo entendemos como una cuestión social”, explica la psicóloga Melisa Vega, integrante de equipos de orientación escolar. “Está sucediendo en varias escuelas de Argentina y en países como Chile y Uruguay, donde se dio esta viralización a partir del uso de redes sociales como TikTok y de comunidades que, de algún modo, enaltecen las masacres escolares. Por eso lo tomamos con mucha seriedad y precaución” detalla a Canal 9.

Ante este escenario, distintas jurisdicciones activaron protocolos preventivos desde los ministerios de Educación. Sin embargo, la complejidad de los casos obliga a adaptar las respuestas más allá de los marcos establecidos. “En las escuelas se activó un protocolo, pero también pensamos en la importancia de abrir instancias de diálogo con los adolescentes y sus familias”, señala Vega.

Los Equipos de Orientación y Apoyo (EOyA) cumplen un rol clave en este proceso. Reciben las demandas de las instituciones educativas y definen estrategias de intervención según cada situación. En ese sentido, la especialista dice que “en algunos casos trabajamos de manera individual con los alumnos; en otros, con abordajes grupales que incluyen a las clases, docentes, preceptores y equipos de gestión”.

La problemática, advierten, no puede reducirse únicamente a casos de acoso escolar o vulneración de derechos, aunque estos protocolos siguen siendo una referencia. “Hay situaciones que exceden lo previsto. Ahí evaluamos cómo intervenir para que sea lo más beneficioso para los estudiantes y para reconstruir el vínculo entre la escuela y las familias, sobre todo en el nivel secundario”, añade Vega.

Uno de los focos de preocupación es el uso de la tecnología. “Los adultos solemos pensar que los chicos son nativos digitales, pero eso no implica que tengan una mirada crítica sobre lo que consumen”, advierte. “Tienen habilidades instrumentales, saben usar las herramientas, pero la capacidad reflexiva se construye con el acompañamiento adulto”.

En ese sentido, insiste en la necesidad de un involucramiento activo por parte de las familias al precisar que “es importante preguntarnos qué hacen nuestros hijos en internet. No se trata de invadir su privacidad, sino de ejercer un cuidado responsable”.
 

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