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Violencia vicaria: cómo identificar una forma de violencia que utiliza a los hijos para dañar a la mujer

Especialistas advirtieron sobre sus consecuencias psicológicas, los desafíos legales y la importancia de reconocer sus señales para pedir ayuda.

La violencia vicaria es una de las formas más crueles de violencia de género porque el agresor no dirige necesariamente sus ataques de manera directa hacia la mujer, sino que utiliza aquello que más ama para ocasionarle un profundo sufrimiento. Hijos, hijas, mascotas e incluso objetos de valor afectivo pueden convertirse en instrumentos de control, manipulación y castigo.

Ese fue el eje de la columna de género desarrollada en Radio La Torre por la doctora María Noé Torres y la licenciada Itatí Carrizo, quienes analizaron esta problemática desde el enfoque jurídico y psicológico, aportando herramientas para reconocerla y actuar a tiempo.

¿Qué es la violencia vicaria?

La licenciada Itatí Carrizo explicó que se trata de un concepto relativamente reciente, cuya denominación comenzó a utilizarse en 2012, aunque aclaró que la práctica existe desde hace mucho tiempo.

Detalló que el objetivo del agresor es provocar un daño emocional a la mujer utilizando como intermediarios a los hijos o, cuando no los hay, a las mascotas o cualquier elemento con un fuerte valor afectivo.

Según explicó, esta violencia puede manifestarse mediante agresiones psicológicas, físicas o económicas hacia los hijos, hablando constantemente mal de la madre, generando conflictos familiares o destruyendo aquello que representa un vínculo emocional importante para la víctima.

Carrizo remarcó que reconocer estas conductas resulta fundamental para dejar de naturalizarlas y permitir que quienes las padecen puedan pedir ayuda antes de que la situación escale.

El impacto psicológico sobre niños y adolescentes

Desde la perspectiva psicológica, Carrizo advirtió que las principales víctimas indirectas son los hijos, quienes dejan de ocupar su lugar de niños para transformarse en herramientas de control del agresor.

Explicó que muchos menores terminan identificándose con el padre violento y reproducen el maltrato hacia la madre, mientras que otros asumen responsabilidades que no les corresponden, creyendo que deben proteger a su mamá o evitar cualquier situación que desencadene nuevos episodios de violencia.

"Un niño no tiene que estar pensando en cuidar al adulto; es exactamente al revés", sostuvo la profesional, al explicar las profundas secuelas emocionales que estas experiencias generan durante la infancia.

Como ejemplo, compartió el testimonio de una adolescente durante una sesión terapéutica, donde relató cómo su padre la utilizaba para vigilar y controlar a su madre, exponiéndola además a amenazas, insultos y situaciones de extrema violencia verbal. Para la especialista, estos relatos permiten comprender la magnitud del daño psicológico que produce esta modalidad de violencia y la necesidad de no naturalizar estas conductas.

Los desafíos legales

Por su parte, la doctora María Noé Torres explicó que la violencia vicaria todavía no posee una figura legal específica dentro de la legislación argentina.

Si bien puede encuadrarse dentro de las distintas modalidades de violencia previstas por la Ley de Protección Integral contra la Violencia, consideró que aún falta una mayor incorporación de la perspectiva de género y de la protección integral de las infancias dentro del sistema judicial.

La abogada señaló que, en numerosas ocasiones, las mujeres encuentran resistencia cuando denuncian estas situaciones porque todavía persiste la idea de que intentan impedir el vínculo entre los hijos y el padre.

Jurisprudencia que comienza a abrir camino

Torres destacó que algunos tribunales del país ya comenzaron a adoptar criterios innovadores. Entre ellos mencionó casos en los que la Justicia decidió reemplazar la firma del padre cuando éste se negaba, sin fundamentos, a autorizar viajes de sus hijos al exterior, entendiendo que esa negativa constituía una forma de sometimiento y control hacia la madre.

También recordó antecedentes en distintas provincias donde los jueces priorizaron el interés superior del niño frente a conductas obstructivas del progenitor.

Cuando las mascotas también son víctimas

Otro aspecto que abordó la profesional fue el crecimiento de casos donde las mascotas son utilizadas para ejercer violencia. Explicó que algunos agresores amenazan, golpean o retienen animales de compañía para provocar sufrimiento en la mujer y en sus hijos.

Incluso mencionó un fallo judicial de Misiones en el que una jueza extendió medidas de protección hacia las mascotas de una familia, incorporando el concepto de "familia multiespecie" dentro de una resolución judicial.

La importancia de detectar las primeras señales

Las especialistas coincidieron en que la violencia vicaria suele permanecer oculta porque muchas de sus manifestaciones son consideradas "normales" dentro de los conflictos familiares. Por ello insistieron en la necesidad de visibilizar estas conductas, fortalecer la perspectiva de género y de infancia dentro de la Justicia y generar espacios de contención para quienes atraviesan estas situaciones.

Finalmente recordaron que las personas que necesiten asesoramiento pueden acudir a la Secretaría de la Mujer y Diversidad o al dispositivo de asistencia Yanapay, donde se brinda acompañamiento psicológico y asesoramiento legal especializado.

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