
Régimen penal juvenil: Mercado Luna pidió educar a los chicos antes que aumentar las penas
El defensor general de Gobierno, planteó que el nuevo régimen obliga a cambiar el enfoque: informar a los adolescentes sobre las consecuencias de sus actos y reforzar la prevención.
La entrada en vigencia del nuevo régimen penal juvenil abrió un debate que, para el defensor general de Gobierno, Gastón Mercado Luna, va mucho más allá de cómo actuar frente a un adolescente que comete un delito. A partir del caso de un menor de 14 años involucrado en una pelea escolar, sostuvo que el verdadero desafío es comprender cómo funcionará el nuevo sistema y, principalmente, cómo preparar a los jóvenes para conocer sus consecuencias.
Mercado Luna remarcó que la normativa llevaba seis meses sancionada antes de comenzar a regir y advirtió que el cambio implica una transformación profunda para chicos que, hasta hace pocos días, podían atravesar una pelea en la escuela con la intervención de sus padres y que ahora pueden quedar frente a una actuación policial.
En ese sentido, señaló que existen cerca de 200 conductas que pueden constituir delitos y consideró necesario que los adolescentes conozcan cuáles son las consecuencias de sus acciones. Como ejemplo, planteó que un chico de 13 años que rompe un foco de la vía pública puede quedar involucrado en una causa por daños.
Para el funcionario, el desafío no pasa solamente por aplicar la nueva legislación, sino por encontrar la manera de transmitirla a los jóvenes. “No quiero capacitarme yo para defender, quiero ver si podemos prevenir algo”, planteó durante la entrevista.
Mercado Luna insistió en la necesidad de que la sociedad se comprometa con la educación de los adolescentes y sostuvo que las familias, las instituciones y los distintos sectores del Estado tienen que asumir responsabilidades frente al nuevo escenario.
El defensor general propuso incorporar contenidos vinculados con las consecuencias legales de determinadas conductas dentro de la formación de los adolescentes. Comparó esa necesidad con otros conocimientos que reciben durante su escolaridad y planteó que también deberían aprender cómo funciona la Justicia y qué implica cometer determinados actos.
En ese marco, mencionó situaciones como las peleas escolares, las agresiones y conductas vinculadas con el abuso sexual, y consideró necesario que los chicos sepan que esas acciones pueden generar una investigación y consecuencias judiciales.
Mercado Luna también cuestionó la idea de responder a la violencia únicamente con más violencia. Recordó que durante generaciones se transmitió la idea de que ante una agresión había que responder de la misma manera y sostuvo que ese modelo debe ser revisado.
Según explicó, los adolescentes atraviesan una etapa en la que todavía están formando sus parámetros y pueden no dimensionar las consecuencias de sus actos. Por eso consideró que el Estado y los adultos deben encontrar nuevas formas de comunicación para llegar a ellos.
El funcionario señaló que la Defensoría General tiene entre sus responsabilidades constitucionales la defensa de niños, jóvenes y adolescentes, además de otras personas en situación de vulnerabilidad.
Sin embargo, sostuvo que el objetivo no debería ser incrementar la capacidad del sistema judicial para intervenir cuando el delito ya ocurrió, sino reducir la cantidad de situaciones que llegan a esa instancia. “Yo no quiero defender, yo quiero no tener chicos que defender”, expresó Mercado Luna al resumir el enfoque que considera necesario frente al nuevo régimen.
También diferenció las distintas realidades sociales que atraviesan los adolescentes y remarcó que no todos los jóvenes tienen las mismas oportunidades. En ese punto, sostuvo que existen situaciones familiares y sociales extremadamente complejas que requieren una intervención diferente.
Mercado Luna contó que ya comenzó a impulsar acciones dentro del ámbito que integra. Explicó que planteó la problemática ante defensores y que también mantuvo una reunión con el ministro de Educación para transmitirle su preocupación.
Según relató, el objetivo inicial es comenzar el trabajo con directores de escuelas y directores zonales para avanzar posteriormente hacia los docentes y llegar a los estudiantes.
Para el defensor general, ese proceso debe centrarse en que los jóvenes conozcan la normativa y comprendan cómo funciona la Justicia. Más que una prevención en sentido estricto, definió el objetivo como una “toma de conocimiento”: que los chicos sepan qué conductas pueden tener consecuencias legales y qué implica encontrarse frente a un proceso judicial.
El funcionario también sostuvo que los adultos deben revisar los ejemplos que transmiten a las nuevas generaciones. Consideró que los adolescentes están expuestos permanentemente a imágenes de violencia a través de los medios tecnológicos y las redes sociales y que, al mismo tiempo, observan las formas de confrontación utilizadas por los propios adultos.
Por eso, planteó que no alcanza con decirles a los jóvenes que “el que las hace las paga”, sino que es necesario ayudarlos a comprender las consecuencias de sus acciones y ofrecerles referencias diferentes.
Mercado Luna advirtió además sobre las desigualdades de origen que atraviesan a algunos niños y adolescentes y mencionó situaciones de extrema vulnerabilidad que, a su entender, condicionan sus posibilidades desde el nacimiento.
En ese contexto, insistió en que el nuevo régimen penal juvenil no debería ser abordado solamente desde la perspectiva de fiscales, jueces y defensores. Para el funcionario, todavía existe la posibilidad de trabajar sobre la educación y la orientación de los jóvenes para evitar que esas situaciones terminen convirtiéndose en causas judiciales. “Yo no quiero defender, yo quiero no tener chicos que defender”, reiteró, al señalar que ese debería ser uno de los principales objetivos frente al nuevo escenario que plantea el régimen penal juvenil.

