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La Rioja vuelve a encontrarse con el legado de Monseñor Enrique Angelelli

La jornada recordará la vida y el testimonio de quienes hicieron del Evangelio un compromiso con la dignidad humana, la justicia social y los más vulnerables.

Este sábado 1 de agosto, la Ermita "El Pastor", en Punta de los Llanos, será escenario del homenaje central por los 50 años del martirio de Monseñor Enrique Angelelli y de los Beatos Mártires Riojanos Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera. La jornada recordará la vida y el testimonio de quienes hicieron del Evangelio un compromiso con la dignidad humana, la justicia social y los más vulnerables.

A cincuenta años de su martirio, Monseñor Enrique Angelelli continúa siendo una de las figuras más trascendentes de la historia de La Rioja. Su legado pastoral, construido desde la cercanía con el pueblo y el compromiso con quienes más necesitaban de la presencia de la Iglesia, sigue convocando a miles de personas que encuentran en su ejemplo una referencia de servicio, solidaridad y esperanza.

Nacido en la ciudad de Córdoba el 17 de julio de 1923, hijo de inmigrantes italianos, Angelelli descubrió desde muy joven su vocación sacerdotal. Fue ordenado sacerdote en Roma en 1949 y, tras desempeñarse durante casi dos décadas en la Arquidiócesis de Córdoba, el papa Pablo VI lo designó obispo de La Rioja en 1968. Aquella decisión marcaría para siempre la historia de la provincia.

Desde su llegada, eligió una forma distinta de ejercer el ministerio episcopal. Recorrió la provincia de punta a punta, visitó comunidades rurales, compartió el mate con las familias campesinas, celebró misas en escuelas y capillas del interior y promovió una Iglesia presente en la vida cotidiana de la gente. Inspirado en el Concilio Vaticano II y en la Conferencia Episcopal de Medellín, impulsó cooperativas, alentó la organización comunitaria y defendió la dignidad del trabajo rural bajo un lema que sintetizó toda su misión: "Justicia y Paz".

Su opción por una Iglesia cercana a los trabajadores, pequeños productores y sectores más humildes también despertó fuertes resistencias en un contexto político y social cada vez más complejo. Tras el golpe de Estado de 1976, la persecución alcanzó de lleno a la Iglesia riojana. El asesinato de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, ocurrido en julio de ese año, fue uno de los golpes más duros para la diócesis.

Pocos días después, el 4 de agosto de 1976, mientras regresaba desde Chamical luego de participar del funeral de ambos sacerdotes, Angelelli fue asesinado en la Ruta Nacional 38, a la altura de Punta de los Llanos. Durante años se intentó instalar la versión de un accidente de tránsito, pero la Justicia argentina determinó que se trató de un homicidio cometido en el marco del terrorismo de Estado y condenó a sus responsables como autores de un crimen de lesa humanidad.

Martirio y beatificación

Ese mismo testimonio de fe fue el que llevó a la Iglesia Católica a reconocer oficialmente su martirio. En junio de 2018, el papa Francisco autorizó el decreto que estableció que Monseñor Angelelli había sido asesinado por odio a la fe (odium fidei), al considerar que quienes planificaron su muerte buscaron silenciar una manera concreta de vivir el Evangelio, comprometida con la dignidad humana y con los más vulnerables. Al tratarse de un caso de martirio, no fue necesaria la comprobación de un milagro para su beatificación, celebrada el 27 de abril de 2019 junto a Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera.

La conmemoración del próximo sábado comenzará a las 9 con la recepción de peregrinos en la Ermita "El Pastor". La celebración de la Santa Misa será a las 11, seguida por las actividades conmemorativas, el almuerzo comunitario, el homenaje en el lugar del martirio y el tradicional Fogón de la Memoria, que se extenderá hasta la noche.

A medio siglo de aquellos acontecimientos, La Rioja volverá a reunirse para recordar a un pastor que eligió caminar junto a su pueblo y cuya vida trascendió las fronteras de la provincia para convertirse en un símbolo de una Iglesia comprometida con la justicia, la paz y el servicio a los demás. Su legado, junto al de Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera, continúa siendo una invitación permanente a construir una sociedad más fraterna, solidaria y humana.

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