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"Gracias, Selección. Gracias por hacernos creer otra vez"

Por Víctor Bazán.-

Hay derrotas que duelen.

Y hay derrotas que engrandecen.

La de este domingo duele. Claro que duele. Porque estuvimos a un paso de volver a tocar el cielo. Porque enfrente estuvo una enorme selección de España, que jugó un gran partido y terminó imponiéndose en el alargue por 1 a 0. Porque el Dibu Martínez sostuvo el sueño hasta donde pudo. Porque cada jugador argentino dejó el alma. Porque nadie se guardó nada.

Pero hay algo que ningún resultado puede borrar.

Esta Selección ya es eterna.

Y si hoy hay millones de argentinos con un nudo en la garganta no es solamente por haber perdido una final.

Es porque durante un mes volvimos a sentir algo que hacía mucho tiempo no sentíamos.

Esperanza.

Argentina llegó a esta final con un recorrido inolvidable. Debutó venciendo 3 a 0 a Argelia. Después derrotó 2 a 0 a Austria. Cerró la fase de grupos con un 3 a 1 frente a Jordania. Luego llegaron las batallas: un sufrido 3 a 2 sobre Cabo Verde en tiempo suplementario; otro 3 a 2 frente a Egipto; un sólido 3 a 1 contra Suiza; y la épica semifinal frente a Inglaterra, remontando sobre el final con los goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez para ganar 2 a 1.

Siete partidos.

Seis triunfos.

Una sola derrota.

La última.

La que más duele.

Pero el fútbol también enseña.

Y Lionel Messi nos dejó una palabra que va mucho más allá de una cancha.

Resiliencia.

Caerse y volver a levantarse.

Perder y seguir creyendo.

Ser criticado durante años y terminar convirtiéndose en el mejor futbolista de todos los tiempos.

Porque Messi ya no necesita demostrar nada.

Hace rato dejó de jugar únicamente para romper récords.

Hoy juega para inspirar.

Para enseñar.

Para abrazar a un país entero.

Y esa enseñanza vale mucho más que cualquier copa.

Hay chicos que nacieron viendo solamente triunfos de esta Selección. Una generación completa que creció viendo al ciclo más exitoso de la historia del fútbol argentino. Cinco finales mayores disputadas, cuatro títulos conquistados: la Copa América 2021, el Mundial de Qatar 2022, la Copa América 2024 y la Finalissima 2025. La siguiente Finalissima, que debía disputarse ante España, quedó pendiente por el contexto internacional. Hoy llegó una nueva final del mundo. Esta vez no pudo ser.

Pero nadie podrá discutir la dimensión histórica de este ciclo.

Porque las leyendas no se construyen solamente levantando trofeos.

Se construyen dejando una huella.

Y esta Selección dejó una marca imborrable.

Mientras tanto...

En la Argentina real...

La de todos los días.

La que madruga.

La que hace cuentas para llegar a fin de mes.

La del jubilado que muchas veces debe elegir entre comprar remedios o comprar comida.

La del trabajador que cada vez hace más esfuerzo para sostener a su familia.

La de los chicos que merecen un futuro mejor.

La de las familias que esperan, aunque sea, una buena noticia.

Vivimos tiempos donde cuesta encontrar una alegría.

Donde los jubilados sufren.

Donde miles de familias ya no llegan a fin de mes.

Donde muchos trabajadores viven con la incertidumbre de perder su empleo.

Donde la angustia se volvió parte de la rutina.

Donde pareciera que todos los días alguien intenta convencernos de que debemos resignarnos.

Y entonces apareció esta Selección.

Y durante un mes volvió algo que parecía perdido.

La ilusión.

Las ganas de abrazarnos.

Las ganas de creer.

Las ganas de sentir orgullo de ser argentinos.

Hasta hubo decisiones difíciles de comprender.

La FIFA restringió el ingreso de banderas con referencias a nuestras Islas Malvinas. Como si la soberanía pudiera prohibirse en la puerta de un estadio. Como si un sentimiento pudiera quedar afuera de una cancha.

Sin embargo, un grupo de argentinos encontró la manera.

Una sábana pintada a mano con una frase sencilla, pero inmensa.

"Las Malvinas son Argentinas".

Y otra vez el mundo volvió a leer aquello que llevamos tatuado en el corazón.

Y tampoco hubo desde el Gobierno nacional un gesto para acompañar el sentimiento popular.

No hubo un asueto.

No hubo un feriado.

No hubo una invitación para que el pueblo pudiera abrazarse después de semejante recorrido.

En La Rioja, el gobernador Ricardo Quintela decidió comprender lo que estaba pasando en las calles y otorgó permisos especiales para que miles de riojanos pudieran acompañar a la Selección. Luego otras provincias siguieron el mismo camino.

Porque cuando un pueblo necesita una alegría, el Estado también puede elegir estar presente.

Esta vez eligió no hacerlo.

Porque el fútbol no resuelve los problemas del país.

Nadie lo cree.

Pero sí puede hacer algo maravilloso.

Puede unir.

Puede abrazar.

Puede recordarnos que seguimos siendo un pueblo.

Que seguimos sintiendo la camiseta.

Que todavía somos capaces de abrazarnos con un desconocido por un gol.

Y eso, en una Argentina golpeada, vale muchísimo.

Esta Selección representó exactamente eso.

Representó al pueblo argentino.

No al poder.

No a un gobierno.

No a una bandera partidaria.

Representó a la gente.

A los que nunca bajan los brazos.

A los que se levantan todos los días aunque la vida se haga cuesta arriba.

Por eso emociona escuchar a Lionel Scaloni cuando dice:

"Al país decirle que dimos todo. Es un gran ejemplo para nuestra gente, para nuestro país. Se pierde y hay que levantarse otra vez. No hay otra."

Esa frase trasciende el fútbol.

Es una lección de vida.

Porque si algo nos enseñó esta Scaloneta es que las derrotas no definen a las personas.

Las define la manera en que vuelven a ponerse de pie.

Hoy estamos tristes.

Claro que sí.

Pero también estamos orgullosos.

Orgullosos del Dibu.

Del Cuti.

De Enzo.

De Alexis.

De Julián.

De Lautaro.

De De Paul.

De Mac Allister.

De Thiago Almada.

De cada uno de los que defendió estos colores.

Y, sobre todo, orgullosos de ese capitán que, con casi cuatro décadas de vida, siguió corriendo hasta la última pelota.

Gracias, Lionel Messi.

Gracias por hacernos creer otra vez.

Gracias por demostrar que el talento puede convivir con la humildad.

Gracias por enseñarnos que la grandeza también está en levantarse después de perder.

Gracias por enseñarnos que un líder nunca abandona a los suyos.

Y gracias, Lionel Scaloni.

Porque construiste mucho más que un equipo.

Construiste una familia.

Construiste una identidad.

Construiste un ejemplo.

Una Selección que volverá al país como lo que verdaderamente es.

No como un subcampeón.

Sino como un grupo de héroes deportivos que volvió a poner de pie la ilusión de toda una Nación.

Porque los títulos se cuentan.

Pero los legados se sienten.

Y el legado de esta Selección es inmenso.

Nos recordó que cuando un grupo tira para el mismo lado, lo imposible deja de parecer imposible.

Nos recordó que nadie se salva solo.

Que el esfuerzo colectivo sigue siendo el camino.

Y que siempre vale la pena volver a intentarlo.

Porque los campeones levantan copas.

Pero las leyendas levantan pueblos enteros.

Y ustedes levantaron a la Argentina.

Gracias, Capitán.

Gracias, Lionel Scaloni.

Gracias a cada uno de los jugadores que defendió esta camiseta como si fuera la última vez.

Gracias al fútbol.

Porque cuando parecía que todo era tristeza...

Cuando parecía que las malas noticias nunca se iban a terminar...

Cuando parecía que nos querían convencer de que ya no valía la pena creer...

Ustedes nos recordaron quiénes somos.

Nos recordaron que los argentinos siempre volvemos a levantarnos.

Que cuando tiramos todos para el mismo lado somos capaces de cualquier cosa.

Que el esfuerzo colectivo sigue siendo el camino.

Y que la esperanza nunca se pierde.

Gracias, Capitán.

Gracias, Scaloni.

Gracias, Selección Argentina.

Gracias por hacernos creer otra vez.

Porque ayer a la tarde perdimos una final.

Pero hace mucho tiempo que ustedes ganaron un lugar eterno en el corazón del pueblo argentino.

Y como dijo alguna vez el propio Lionel Scaloni:

"Somos grandes en la victoria, pero también tenemos que ser grandes en la derrota."

Hoy nos toca llorar.

Mañana nos volveremos a levantar.

Porque eso hacen los argentinos.

Y porque, después de todo...

Todo pasa.

Pero las leyendas... las leyendas son para siempre.


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