
EDITORIAL | Adorni cayó, pero el problema sigue en la Casa Rosada
Manuel Adorni renunció.
Por Victor Bazán.
Manuel Adorni renunció. Cayó el hombre que durante meses hizo del atril un escenario para la soberbia, el desprecio y la provocación. El vocero que se creyó intocable. El funcionario que confundió comunicación con propaganda y que hizo del cancherismo una forma de gobierno.
Sí, terminó su carrera política. Terminó ese personaje que hablaba como si fuera dueño de la verdad absoluta, mientras millones de argentinos veían cómo su realidad se hacía pedazos. Terminó el funcionario que eligió burlarse antes que explicar, atacar antes que responder y descalificar antes que rendir cuentas.
Y aun así, Javier Milei decidió defenderlo hasta el último minuto, y según las ultimas declaraciones lo sigue haciendo.
Esa es la verdadera noticia. Porque cuando un presidente abraza a un funcionario cuestionado hasta el final, el mensaje no es para Adorni. Es para toda la sociedad. Es decir que nada cambia. Que el problema nunca fue una persona, sino un método.
Ahora será la Justicia la que determine las responsabilidades que correspondan. Si existen delitos, deberán investigarse y sancionarse. Porque los mismos que hicieron del "el que las hace las paga" una bandera política, también deberán aceptar que esa frase rige para todos, sin excepciones.
Pero no nos confundamos.
El tema nunca fue solamente Adorni.
Mientras el país discutía sus escándalos, el ajuste siguió avanzando. Cerraron miles de empresas. Comercios y pymes bajaron sus persianas. Los jubilados perdieron poder adquisitivo y enfrentaron recortes en medicamentos. Las universidades públicas continúan reclamando financiamiento. Los hospitales nacionales sobreviven con presupuestos cada vez más ajustados. Y cada aumento de tarifas, combustibles, alimentos y servicios vuelve a golpear a los mismos de siempre: los que trabajan, producen y pagan impuestos.
La renuncia de Adorni no cambia nada de eso.
El modelo económico sigue siendo exactamente el mismo. La motosierra no se detuvo. La licuación del salario continúa. La recesión sigue dejando víctimas silenciosas todos los días.
Por eso, más que el final de Adorni, esto puede ser el comienzo de otra discusión. La discusión sobre un gobierno que ya no puede esconder detrás de un vocero las consecuencias de sus decisiones.
Los funcionarios pasan. Los modelos quedan.
Adorni ya es pasado. Su caída política parece inevitable. Pero el verdadero debate recién empieza. Porque lo importante nunca fue el vocero. Lo importante siempre fue el gobierno que representaba.
Insultar a los jubilados, a las personas con discapacidad, docentes, universitarios, médicos, la las provincias y a la opinión pública no es gratis.
Y como demuestra la historia, ningún proyecto político es eterno. Todos tienen un principio. Todos tienen un final.
Quizás hoy no asistimos solamente a la caída de un funcionario.
Quizás estamos empezando a ver las primeras grietas del modelo que prometió cambiarlo todo y terminó golpeando, una vez más, a los argentinos de siempre.

