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¿Celulares en las aulas? Un informe revela que reducir su uso no siempre mejora el aprendizaje

Aunque el celular ya forma parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes, especialistas advierten que su uso en las escuelas requiere regulación.

Aunque el celular ya forma parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes, especialistas advierten que su uso en las escuelas requiere regulación. La evidencia muestra menos distracciones, pero resultados dispares en el aprendizaje.

El debate sobre el uso de los teléfonos celulares dentro de las escuelas continúa creciendo en Argentina. Mientras algunas provincias avanzan con regulaciones específicas, especialistas sostienen que la discusión no debe centrarse únicamente en prohibir o permitir estos dispositivos, sino en establecer reglas claras para su utilización pedagógica.

Así lo explicó Sol Alzú, economista y analista de la Fundación Argentinos por la Educación, en Radio La Torre, al presentar los resultados de un informe que analiza tanto la realidad argentina como la evidencia internacional sobre el impacto del celular en el ámbito escolar.

La especialista señaló que el teléfono móvil ya forma parte de la vida cotidiana de los estudiantes. Según los datos analizados, seis de cada diez niños de tercer grado, de entre 8 y 9 años, poseen un celular propio, mientras que en la escuela secundaria ese porcentaje supera el 90%.

Frente a este escenario, sostuvo que la discusión ya no pasa por ignorar la presencia de estos dispositivos, sino por definir cómo deben utilizarse dentro del sistema educativo. Actualmente, solo once jurisdicciones del país cuentan con algún tipo de regulación específica, mientras que la mayoría aún no posee un marco normativo.

Regulaciones: menos distracciones, pero efectos limitados

Al referirse a los resultados de las regulaciones implementadas en distintos países, Alzú explicó que existe evidencia de que las restricciones reducen el uso del celular durante la jornada escolar y disminuyen las distracciones en el aula.

Sin embargo, aclaró que los efectos sobre el rendimiento académico no son concluyentes. Algunos estudios detectan mejoras moderadas, principalmente en estudiantes con bajo desempeño o pertenecientes a sectores más vulnerables, mientras que otras investigaciones no encuentran diferencias significativas.

Además, indicó que en muchos casos los estudiantes compensan fuera de la escuela el tiempo que no utilizan el celular durante las clases, por lo que consideró fundamental el acompañamiento de las familias.

La lectura en papel sigue mostrando ventajas

Uno de los puntos más relevantes mencionados por la especialista tiene que ver con los procesos de lectura.

Según explicó, diversas investigaciones demuestran que los niños obtienen mejores resultados en comprensión y fluidez lectora cuando leen en papel en comparación con la lectura en pantallas, ya sea desde un celular, una computadora o una tableta.

También destacó que los estudiantes disfrutan más de la lectura tradicional durante los primeros años de escolaridad, motivo por el cual consideró que el uso intensivo de dispositivos debería evaluarse con especial cuidado en esas etapas educativas.

Regular también la inteligencia artificial

Alzú sostuvo que el desafío educativo ya no se limita únicamente al uso del celular.

Indicó que la rápida incorporación de herramientas de inteligencia artificial agrega un nuevo nivel de complejidad al sistema educativo y plantea la necesidad de generar marcos regulatorios que orienten tanto a docentes como a estudiantes.

En ese sentido, aclaró que regular no significa prohibir, sino establecer criterios claros sobre cuándo, cómo y para qué utilizar estas tecnologías, además de definir procedimientos frente a posibles usos indebidos durante evaluaciones o actividades escolares.

Más jóvenes terminan la secundaria, pero persisten desafíos

Durante la entrevista también se abordó otro informe elaborado por la Fundación Argentinos por la Educación sobre la finalización del nivel secundario.

Alzú destacó que actualmente tres de cada cuatro jóvenes argentinos de entre 19 y 24 años logran completar ese nivel educativo, una cifra superior a la registrada una década atrás.

No obstante, advirtió que finalizar la escuela no implica necesariamente alcanzar los aprendizajes esperados. Según explicó, solo uno de cada diez estudiantes llega al final del secundario en tiempo y forma, sin haber repetido ni abandonado, y con niveles adecuados de conocimientos en Lengua y Matemática.

También señaló que persisten diferencias vinculadas al nivel socioeconómico y que las mujeres presentan actualmente mayores tasas de finalización del nivel secundario y universitario que los varones.

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